El objetivo de este artículo es hacer referencia a la importancia de las artes escénicas en escenarios escolares de educación exclusiva de mujeres. Para lograrlo, tres experiencias escénicas serán la oportunidad para revisar los aprendizajes significativos y las huellas materializadas en los cuerpos de las estudiantes. La metodología surge de un ejercicio de investigación-creación, aún en curso, y de la necesidad de relacionar las tres instancias de creación escénica con tres momentos del desarrollo de las niñas y sus imaginarios. Los resultados muestran que las niñas caminaron por el escenario con confianza y claridad en sus cuerpos, y su trabajo tomó forma y sentido al ser visto por otros; se organizaron para configurar el espacio de diferentes maneras, relacionando su rol con el de las demás; creyeron en ellas mismas, en sus compañeras y en el proceso, e hicieron conexiones que les permitieron proponer desde una mirada extra-cotidiana y comprender en colectivo. La discusión se da sobre la base de estos aciertos para reconocer que las experiencias que tocan la propia historia, así como los cambios en el sentir y el pensar causan, inevitablemente, transformaciones visibles en el cuerpo. En conclusión, cada experiencia escénica se completó al vincular lo personal, lo técnico y lo creativo, con algo externo referente y con sentido para cada una. A través de la danza, pusieron en juego lo conocido, probaron lo nuevo y decidieron en presente, con confianza en su capacidad de agenciamiento y autoeficacia.